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AFRICA BLANCA

AFRICA BLANCA     9/01/2010

Al pasar la frontera de Angola a Namibia, siento enseguida un cambio brusco. Aquí parece empezar otra África, diferente a la que he experimentado hasta ahora. Es una África blanca, con comodidades a las que estamos acostumbrados en Europa. En Namibia hay carreteras perfectas, buenas pistas, supermercados que venden de todo, cajeros en cada esquina, gasolineras con gasolina, baños limpios con papel higiénico. Y muchos blancos. Son los propietarios de los negocios y de las fincas, y los africanos, los currantes. Ellos son los que te empaquetan la compra en la bolsa, los que te vigilan el coche, los que te echan la gasolina, los que limpian los baños y los que barren las calles. Pero lo más chocante es que simplemente faltan como visitantes en los restaurantes, bares, parques nacionales y demás espacios de consumo. Además, aquí hay muchos turistas, blancos, evidentemente. Mientras que en los países anteriores de mi recorrido era yo el único turista, muchas veces incluso el primer turista en llegar a un pueblo, de tal manera de echarse a llorar los niños de susto por ser la primera vez que ven a una persona blanca, aquí está lleno de europeos. Están de vacaciones y recorren en todoterreno alquilado el país de sur a norte, de oeste a este y viceversa, recorriendo las carreteras en perfecto estado y pistas rápidas, comiendo en restaurantes de cocina europea, alojándose en lujuriosas lodges, fincas o campings con todas las comodidades, piscina, barbacoa, electricidad, agua caliente.

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Sin embargo, el que quiere y lo elige, en Namibia puede experimentar todavía también alguna aventura, adentrándose probablemente en uno de los últimos grandes rincones vírgenes al noroeste extremo del país y hábitat del tan fotografiado pueblo Himba. Su costumbre de pintarse el cuerpo con barro de ocre rojizo y sus vistosos atuendos, vestidos con minifalda de cuero o taparrabos y nada más, les ha dado cierta popularidad. Han logrado mantenerse aislados de las influencias exteriores, al menos a primera vista, siguiendo la misma vida que sus antepasados. Pero con frecuencia se les ve en ciudades, sentados en una esquina, sin hacer nada, algunos esperando poder pedir dinero a los turistas que deseen hacerles un retrato.

Al dormir una noche en la rivera del río Hoarusib cerca de un poblado himba, tuve la oportunidad de conocer sus vidas tradicionales de cerca. Viniendo desde la frontera angoleña por el norte y tras pasar unos días entre las colinas de la ciudad de Opuwo, me dirigí por una pista arenosa y cauce seco a la región de Kaokoveld atravesando un paisaje espectacular: escarpados picos y amplias llanuras, flora y fauna resistente a la sequía y asentamientos pequeños de aldeas de las tribus Herero y Himba.

Para ver animales, pagando, la mayoría de los turistas suelen visitar el Parque Nacional más famoso y popular de Namibia, Etosha. En una superficie de 20.000 km2, incluyendo un enorme salar, encuentran refugio unos 114 mamíferos, entre ellos leones, rinocerontes, hienas e innumerables cebras y antílopes.

Al sur del parque se encuentra la ciudad de Outjo, una ciudad pequeña que parece de otro lado del mundo. Todo muy ordenado y limpio, casitas con jardines en perfecto estado, panaderías alemanas que venden pan integral y restaurantes que sirven “Wiener Schnitzel”. Tras comerme uno de ellos acompañado de una cerveza local con nombre alemán impronunciable, me dirijo hacia el este, a la tan famosa Costa Esqueletos para celebrar fin de año.

 
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